Ciencia frente a Religión

Ayer tuve la suerte de poder escuchar a Alan Sokal, físico de renombre internacional, en una conferencia dada en Madrid. El profesor Sokal se hizo famoso en 1996 por un artículo “trampa” que escribió para la revista filosófica Social Text. En dicho artículo fingió defender las tesis constructivistas del relativismo postmoderno aplicadas a las ciencias naturales argumentando con un conjunto de sinsentidos científicos… y coló. Cuando Sokal destapó el engaño, dejando en evidencia el rigor de las publicaciones de aquella revista de investigación filosófica, el escándalo fue mayúsculo.

Sokal pertenece al Departamento de Física de la Universidad de Nueva York y al de Matemáticas de la University College London. Pero, como hemos mencionado, siempre se ha interesado por los aspectos filosóficos vinculados a las ciencias naturales. De hecho, su conferencia de ayer titulada Qué es la ciencia y por qué debe importarnos, no era una conferencia sobre física, sino sobre filosofía de la ciencia. Su contenido no era precisamente muy actual -como él mismo explicó al final- ya que se trataba de una conferencia pronunciada en 2008 cuyo texto en inglés se puede encontrar en su web. En todo caso, en estos años no parece haber cambiado de opinión acerca de lo que entonces dijo y, sobre todo, tuvo la inestimable deferencia de intervenir íntegramente en un claro español, tanto en la exposición como en el turno de preguntas.

La tesis fundamental defendida por Sokal es que los valores epistémicos propios del método de las ciencias empíricas deberían ser el modelo de racionalidad de todo discurso que aspira a ser auténtico conocimiento. De ahí su rechazo al constructivismo extremo de la filosofía postmoderna, a las pseudociencias -como la homeopatía- y a la religión.

Sobre esto último, Sokal dijo rechazar la postura del biólogo agnóstico Stephen Jay Gould. Éste defendía que la ciencia y la religión, entendidas adecuadamente, tienen discursos que no interfieren (“magisterios que no se superponen”) porque tratan de cuestiones diferentes: la ciencia intenta registrar el carácter objetivo del mundo natural, mientras que la religión se ocupa de cuestiones espirituales y éticas. Sokal opina, en cambio, que en realidad la religión implica afirmaciones fácticas relativas al universo y su historia. La religión tendría, por tanto, aspiraciones epistemológicas porque conlleva un discurso acerca de cómo es la realidad, aunque sin respetar las reglas que sobre la relación entre creencia y evidencia sí se respetan en ciencia.

Para Alan Sokal ciencia y religión son modos incompatibles de ver el mundo. El tipo de razones que se presentan en las religiones para justificar las creencias son: la supuesta autoridad de unos textos considerados sagrados y la recurrente referencia a la “fe”, una pseudo-justificación de la que se echa mano ante la falta de evidencias. La fe -afirma Sokal- no es que sea contraria a la razón, sencillamente es la aceptación de malas razones por pura pereza intelectual.

Al finalizar su intervención, un hombre del público pidió la palabra para responder a estas críticas vertidas sobre la creencia religiosa. El primer criterio de rigor que deben cumplir las ciencias naturales -comentó- es conocer los límites de aplicación de su propio método; la realidad no se reduce a lo que éstas pueden estudiar. Además, citó algunos ejemplos históricos concretos en los que las creencias religiosas cristianas no sólo no habían sido un freno para el desarrollo científico, sino todo lo contrario. Entonces sucedió algo totalmente inaudito: algunas personas del público le abuchearon y silbaron. Yo no daba crédito. Se supone que quien va a este tipo de eventos  es gente con cierta cultura acostumbrada a debatir con argumentos y a respetar la opinión del adversario. No quisiera pensar que determinadas conductas incívicas -introducidas últimamente en el mundo de la política- estén envenenando también el ámbito académico. Lo llamativo es que antes de esta intervención hubo otra alabando las ideas defendidas por Sokal sobre la cuestión religiosa, con referencia incluida a Bertrand Russell y Christopher Hitchens, y entonces no había sucedido nada. Alan Sokal, por su parte, se mostró en todo momento correcto y respetuoso y tuvo buenas razones para llevarse una impresión lamentable por aquel brote de talante inquisitorial.

Personalmente, me quedé con ganas de pedirle una precisión que considero decisiva para la base de su argumentario antirreligioso: qué entiende por “hecho”. A pesar de algunas prudentes matizaciones que introdujo muy de pasada -como que en historia no se puede aplicar estrictamente el método científico, o que no hay un único método científico ni un manual para su aplicación, o que la intuición también sirve como guía en la vida, etc.- por su intervención me dio toda la impresión de que Sokal identifica la realidad con el “positum” de toda la vida, es decir, con “lo dado”. Quien conozca algo de la filosofía del siglo XX sabrá bien los numerosos puntos débiles de esta postura: desde todo lo planteado a partir del giro lingüístico iniciado por el Wittgenstein de las Investigaciones Filosóficas, hasta el autodesfondamiento en que acabó el propio positivismo lógico, cuya meritoria coherencia hasta las últimas consecuencias encarnó, como nadie, Rudolf Carnap.

Creo recordar que era Mariano Artigas quien al hablar de la teoría del conflicto -en la que milita Sokal- afirmaba que actualmente el desafío a la creencia no es tanto un conflicto de contenido (lo que dice la religión frente a lo que dice la ciencia) cuanto de validez de los contenidos. En lo que al cristianismo se refiere, no cabe duda de que se trata de una “religión histórica” -no mitológica ni cúltica- y que nuestro credo tiene su centro en una determinada interpretación de un acontecimiento histórico fundamental: la persona de Jesús de Nazaret. Lejos de esto queda Rudolf Bultmann y el gnosticismo, en cualquiera de sus múltiples variantes. Pero me temo que Sokal, cuando afirma que parte del objeto de la fe incluye afirmaciones sobre hechos de la naturaleza, está pensando en el otro extremo: los fundamentalistas literalistas. Pues bien, ni lo uno ni lo otro.

La fe aporta sentido, una manera de interpretar la realidad -en sus distintas dimensiones- la cual puede y debe ser indagada a través de la razón humana; razón que no está presente sólo en la actividad científica. Una mente acostumbrada a centrarse en la seguridad de las evidencias empíricas puede acabar reduciendo la verdad a esas certezas, pero la vida humana se mueve en el terreno más amplio, y menos seguro, de la búsqueda de sentido.

“Si la verdad fuera sólo una fórmula matemática, en cierto sentido se impondría por sí misma. Pero si la Verdad es Amor, pide la fe, el «sí» de nuestro corazón” (Benedicto XVI).

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s